Cada vuelta que da el puntero del reloj
acelera el paso de mi vida,
acorta mi historia y anticipa mi fin
que tiene una hora marcada para llegar,
pero yo no sé.
Cada uno de nosotros es como un libro
que guarda su propia historia
con un principio, un medio y un final.
Nuestro cuerpo es una casa donde habita el alma
y la muerte es el último vuelo de nuestra alma,
que parte por no caber más en esta casa.
Como si fuera a comenzar una nueva historia, un nuevo libro.
Cada minuto que pasa puede ser todo lo que me queda por vivir,
pero yo desperdicio el tiempo como si este fuera infinito.
Pienso, por lo tanto sé, que existir es una circunstancia
que la vida acontece en un soplo de Dios
y la llama se mantiene encendida mientras estamos vivos.
Cada persona tiene un niño atrapado dentro de sí mismo,
el niño que nunca cambia.
Nuestro cuerpo es el que envejece a su alrededor,
yo quería vivir mi infancia de nuevo,
pero el reloj de arena del tiempo no puede voltearse.
Pedro Cassiano Aguilar
No hay comentarios:
Publicar un comentario