Son los dos sentimientos más grandes que existen, y es extraño lo fácil que se puede pasar de un extremo al otro.
La persona que más he amado también ha sido a la que más he odiado.
Tal vez es porque el lazo es tan fuerte que es imposible simplemente ignorarlo… A lo mejor es más fácil guardar rencor que reconocer que estamos dolidos por haberlo apostado todo y finalmente terminar en la quiebra… Quizás es porque nos lastimaron tanto que todo lo bueno se convierte en malo, de forma directamente proporcional… O simplemente estas son excusas, y en el fondo el odio que profesamos no es más que una forma de defensa contra el mundo, un recordatorio que nos impida pasar por lo mismo en un futuro.
Si me pongo a recordar, realmente no sé cuál fue el motivo por el que no soportaba saber de F. Creo que era porque me molestaba saber que era todo el mundo para mí, y yo para él con suerte era una parada en el camino.
¿Que no te quieran como te gustaría es una razón válida? Supongo que no, y es por eso que con el tiempo perdoné a F, porque a medida que se iba el amor, también desaparecía el odio.
Hace unas noches soñé con él, recordé lo protegida que me sentía cada vez que me abrazaba, era como si en el mundo sólo existiéramos nosotros dos… Por fin puedo decir con tranquilidad que no me queda nada más que los buenos recuerdos de esa época.
Al final todo lo vivido con F me sirvió de experiencia, espero no repetir los mismos errores nuevamente y poder ser feliz con mi futura mitad cósmica (sé que está en algún lugar).
No hay comentarios:
Publicar un comentario