Estuve toda la mañana haciendo cosas sin importancia y perdí la noción del tiempo, ¡ya eran la 1 de la tarde! Así que revisé que todo estuviera en orden, el gas cortado, las luces apagadas, comida para mi mascota y salí a toda prisa. Cuando estaba cerrando la puerta me llaman al celular, era mi papá, quería saber los ingredientes que necesitaba para preparar la cena de bienvenida a mi mamá. Terminé de conversar, empecé a bajar la escala mientras guardaba el celular y por tener la cabeza en cualquier parte y estar haciendo tantas cosas a la vez, caí sentada desde el primer al último escalón. Metí tanto ruido que pensé que algún vecino saldría a ver qué había pasado, pero nada sucedió. Me levanté lo más digna posible, di dos pasos y el dolor era insoportable, así que me detuve por un rato a pensar qué hacía. Tenía dos opciones: devolverme o intentar continuar. Decidí la última opción, y creo que fue lo mejor, ya que a pesar que todavía me duele todo, por lo menos actué de la forma en que quiero ser desde ahora.
Y bueno, creo que lo que me sucedió es una analogía de la vida. Andamos acelerados, haciendo mil cosas a la vez, y por no estar pendientes del presente es que caemos, a veces pensamos que es necesaria la ayuda de alguien más para continuar, pero en verdad todo depende de nosotros mismos, uno es el que decide ponerse de pie y no echarse a morir. Es probable que después hayan repercusiones, es inevitable, pero saber que hiciste las cosas bien es la mejor recompensa… como dice Shakira “de tanto que tropiezo, ya sé como caer” ♫
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